jueves, 16 de mayo de 2013
Internacionalización de Empresas: la PYME 2.0
"Internacionalización de Empresas" es una presentación realizada por Ignacio Bellido, formador en Salamanca, para El Efecto Bellido acerca de los factores que toda PYME, si quiere ser una PYME 2.0, debe tener en cuenta si decide superar la comodidad y el riesgo de los mercados locales, para emprender el reto de estar presente en los mercados internacionales y en el entorno globalizado del siglo XXI.
miércoles, 8 de mayo de 2013
Tiempo en Pareja una Prueba de Supervivencia al Amor
Gran parte de las reformas laborales y la reordenación de la
estructura ocupacional que intenta llevar a cabo el gobierno obvia un área
sobre el que incide de forma directa: las relaciones de pareja. Una de las
medidas que se plantea llevar a cabo imita una ya implantada en Alemania. Esta
medida plantea a las empresas de que no despidan a ninguno de sus trabajadores
a cambio de reducir sus días de trabajo. En el momento en el que el mercado se
recupere se irán recuperando también el número de jornadas laborales. Ejecutar
esta medida pone en jaque los matrimonios y las relaciones de pareja de los
implicados al aumentar el número de horas en que los cónyuges coincidirán bajo el
mismo techo. Las parejas deberán hacer frente a un aumento del número de
problemas domésticos al no existir la protección de los espacios propios que
ofrece un puesto de trabajo. Por sorpresa, el número de separaciones se
reduce bajo estas situaciones de inestabilidad laboral o de crisis económica
como la que atravesamos, lo cual, no esconde la existencia de conflictos en la
pareja. La cuestión es que ante la ausencia de oportunidades laborales se
realiza un sacrificio del deseo de independencia.
Un puesto de trabajo garantiza que muchas de las horas del
día estarán ocupadas en atender las obligaciones profesionales a lo que hay que
añadir el tiempo invertido en los desplazamientos, especialmente en las grandes
urbes. Trabajar implica la reducción del tiempo de convivencia de la pareja que
observa cómo el tiempo compartido es en su gran mayoría un tiempo de carácter
instrumental. Se comparte tiempo y espacio pero con una finalidad no de
disfrute de la pareja, sino de ejecución de tareas: atender las tareas
domésticas, cuidar a los niños o al perro, hacer la compra… Una vez atendidos
estos deberes queda para la pareja un tiempo que adquiere un valor residual y
por tanto pasivo: ver la televisión, pegar una cabezada en el sofá… Los niveles
de comunicación se reducen al mínimo y los temas de conversación sólo versan
acerca de aspectos prácticas. Si mencionamos el aspecto sexual los encuentros
pasan a ser regulados de forma administrativa en las que los momentos en los
que esta pueda aflorar quedan circunscritos a momentos breves y que han sido
planificados. La espontaneidad de la pasión de la pareja prácticamente ha
desaparecido, la ternura y los pequeños gestos de afecto se han visto apartados
y los prólogos al encuentro sexual son cada vez más breves. Las parejas en las
que ambos trabajan y cuyos períodos de descanso semanal o vacacional no coinciden
se ven abocados a este ritmo afectivo tan desesperante, vacío y decepcionante.
Esta escasez de tiempo para el encuentro mina la relación construida
de manera individualizada, cada miembro observa cómo se va resquebrajando su
proyecto de vida en común, pero como sus pautas de comunicación han quedado
limitados a solventar asuntos prácticos a vistas de los observadores externos
la pareja puede trasladar una impresión de completa normalidad. Normalidad
falseada porque el nivel afectivo de la relación está bajo mínimos y con ello
varios de los pilares sobre los que se sustenta. La pareja pervive porque sigue
tomando como razón para su continuidad el compromiso adquirido en algún momento
del pasado, aunque los otros dos pilares el deseo y la intimidad se hayan
derrumbado.
No hemos sido educados para aprender a gestionar nuestras
relaciones de pareja y no sabemos identificar muchas de las señales o los
síntomas de que ésta viéndose comprometida. Las mujeres no sabes que los
hombres sólo son locuaces durante el noviazgo para, con el tiempo, ir cayendo
poco a poco en el silencio afectivo. Los hombres no saben que las mujeres
escuchan más y mejor en esta etapa del noviazgo, con lo que van a seguir
demandando y viviendo con la expectativa de seguir recibiendo los mismos
mensajes que percibieron en las primeras citas. No hemos aprendido la
importancia de que un pareja se entregue gratificaciones mutuas y se envíe
estímulos agradables periódicamente que ayudarán a volver a situaciones de
bienestar tras períodos de conflicto. Toda persona necesita que su pareja le
ayude a lograr un estado de bienestar, a aumentar sus oportunidades de
crecimiento, a encontrar el placer, a sentirse cómodo, acogido, protegido y
reconocido. La presencia de estos estímulos hará de la pareja una unidad indestructible,
su ausencia la convertirá en una pareja precaria.
La pasión y el deseo son elementos claves par poder mantener
una relación de pareja satisfactoria, aunque puede también actuar como un
engaño, si no va acompañado de la necesidad de expresar sentimientos íntimos.
Compartir una intimidad como si ésta se tratara de una labor de gestión
empresarial terminará por derivar en una comunicación de carácter
unidireccional en el que uno y otro sólo se trasladan mensajes de las tareas y
los objetivos a conseguir. La pareja entonces se volverá algo estático y
circular en la que una y otra vez se reproducirán las mismas situaciones sin
que haya la percepción de ir avanzando. La pareja estará inmerso en una realidad
distorsionada que no debe de se contemplada como algo inevitable. Por eso, le
pongo remedio.
Etiquetas:
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martes, 30 de abril de 2013
Matar a al Rey para Legitimar la Monarquía
Una de las noticias del día es la ceremonia de abdicación de
la reina Beatriz de Holanda en su hijo Guillermo. Este hecho poco habitual, que
un monarca en vida ceda sus derechos al trono al siguiente en la línea
sucesoria sin que haya existido ningún tipo de revolución o amotinamiento que
lo genere ha destapado el mismo debate en España. La monarquía española se
encuentra en entredicho debido a los escándalos que la han sacudido en los
últimos 24 meses: el Rey que se rompe la cadera en Botswana a donde ha acudido
con su amante amada Corina, una hija y
un yerno que se lucran a costa de utilizar su nombre a través de una fundación
sin ánimo de lucro, una sociedad que le demanda transparencia y rigor en el
ejercicio de sus funciones…
Ésta es la situación de la monarquía a día de hoy y que se
remonta a una tradición de siglos que les dicta que lo mejor que pueden hacer
es conservar su posición de poder y privilegio el mayor tiempo posible, a poder
ser, hasta el día de su muere. En la antigüedad esto no era así. En muchos
territorios se limitaba el mandato de un monarca a un período de 10-12 años.
Una vez cumplido este tiempo el monarca era asesinado. Esta práctica que puede parecernos brutal era
tenida como necesaria por los miembros
de la comunidad y era aceptada como un sino inevitable por el monarca que sabía
que su muerte sería cruel y violenta, una muerte tenida como digna por el
propio rey.
¿Por qué asesinaban estas comunidades al monarca? Porque en
aquellos tiempos el monarca ocupa esa posición de poder y privilegio porque era
la persona que tenía la capacidad para “escuchar la voz” en nombre del pueblo,
es decir, era quien estaba en contacto directo con Dios y trasladaba sus
designios. El monarca era, en definitiva, el vehículo de conexión con el mundo
de los espíritus, con lo carente de explicación, con lo desconocido. El acto de
ejecutar el rey era un ejercicio de equilibrio entre la conciencia y el
ejercicio del poder. ¿En las monarquías actuales o en el resto de formas de
gobierno es habitual la búsqueda de este equilibrio? Creo que la respuesta es
no. Me gustaría que alguien me ofreciese un ejemplo de lo contrario
sábado, 27 de abril de 2013
Internacionalización de Empresas y Globalización: Desarrollo y Crecimiento de la Economía en Alemania gracias al Fútbol
“El fútbol son once contra once y siempre gana Alemania”. Se
trata de una de las frases más manidas a la hora de crear crónicas futbolísticas
por periodistas y aficionados. Tras los recientes partidos de semifinal de
Champions League donde los conjuntos alemanes han barrido a los favoritos
Barcelona y Real Madrid,, son muchos los que se preguntan cuáles son motivos
que han llevado al fútbol alemán a la cumbre. La respuesta la encontramos a que
el fútbol germano, durante la última década ha vivido un proceso de
internacionalización y modernización de su modelo futbolístico. Alemania no ha
sido ajena al proceso de globalización que inunda el planeta y un ejemplo lo
muestra su liga de fútbol, la Bundesliga. Su fútbol, como su economía ha
entrado en la dinámica de la internacionalización de empresas.
Históricamente Alemania ha basado su poderío futbolístico en
una fortaleza física y mental que termina por hacer caer a sus rivales incluso
en las condiciones más adversas. Se trata de un factor muy arraigado en la
cultura germana, su resistencia, ya que no debemos olvidar que es una país que
durante el último siglo ha debido reconstruirse como potencia económica tras
salir derrotada en dos Guerras Mundiales. La fama de la rocosidad y constancia
germana que define a los alemanes en un campo de fútbol se remonta al año 1954.
En este año, Alemania se proclamó por primera vez Campeona del Mundo en Suiza tras
derrotar a Hungria (quien apenas unos meses antes la había derrotado por 8-3), el llamado equipo de oro, que por aquel
entonces contaba en sus filas con Ferenc Puskas y que era la selección de
referencia a nivel mundial y que acumulaba más de 30 partidos consecutivos sin
conocer la derrota. Hasta que bajo la lluvia de Berna y tras empezar encajando
dos goles en los primeros diez minutos de partido comenzó a forjarse la leyenda
de Alemania al terminar venciendo el partido y alzarse con la copa.
Veinte años después el milagro alemán se repetiría en Munich
en el mundial del que era anfitriona al derrotar a la “naranja mecánica”
comandada por Cruyff y Neeskens después de comenzar perdiendo al encajar un gol
de penalti cometido sobre Johan Cruyff, en una jugada que representa el origen
del modelo de fútbol moderno basado en la posesión y el pase, quien en los
mejores dos minutos iniciales de la historia del fútbol se internaba en el área
y era derribado por el delantero Uri Hoennes. La selección alemana se mantuvo
el partido gracias al que es el representante máximo del su fútbol, Franz
Beckenbauer, consiguiendo remontar el partido y terminar venciendo por 3 goles
a 1.
En el 90 Alemania volvería a proclamarse campeona en Italia
tras derrotar a la Argentina de Maradona en la final del que es considerado
como el peor mundial hasta la fecha y una final que no dejó nada para el
recuerdo excepto las lágrimas del astro argentino en el Estadio Olímpico de
Roma. Lottar Matthaüs salió coronado como el mejor jugador del torneo tomando
el relevo de jugador icónico del futbolista germano del que fue su entrenador
durante ese torneo: Beckenbauer. Alemania seguía forjando su fama en su
capacidad para conseguir resultados sin que nadie se cuestionase la forma en la
que se conseguían. Había conseguido proclamarse de nuevo campeona apenas unos
meses después de la caída del muro de Berlín un suceso que cambiaría para
siempre el panorama político y económico europeo y mundial.
La respuesta del pueblo alemán a su nueva situación, aún
hoy, resulta admirable. En vez de quedarse anquilosados en los reproches, la
vergüenza y la culpa por las aberraciones sufridas durante la segunda mitad del
siglo XX se optó por construirse desde un optimismo centrado en la construcción
de una sociedad cosmopolita que permitiera las nuevas generaciones ser dueñas
de su futuro sin sentirse presas del pasado. Parte de esa nueva mentalidad se
reflejó en los terrenos de juego ingleses en la Eurocopa del 96 en Inglaterra
de la que salieron campeones con el gol de plata de Bierhoff y la omnipresencia
de Matthias Sammer. El pelirrojo central alemán era un ejemplo de la nueva
mentalidad de mirar hacia el futuro disfrutando del presente. Antes de la caída
del muro, Sammer, jugador de la Alemania Oriental viajó a la zona occidental
para fichar por el Stuttgart, sin saber que estaba siendo investigado por la
STASI, que impidió que la operación se concretase. Un año después, tras los acontecimientos de Berlín, Matthias se
enfundaba la elástica del Stuttgart en una acto de integración de lo que debía
ser la nueva Alemania unificada.
Con la llegada del nuevo milenio el fútbol alemán se vió
sacudido por una serie de resultados nefastos tanto la Eurocopa del 2000 como
la de 2004 en las que fueron incapaces de superar la primera fase, aunque entre
medias alcanzaron la final del Mundial 2002. Estos fracasos y el mal juego de
una selección que pedía a voces un relevo generacional impulsó el cambio de
modelo. Alemania debía, en dos años, pasar del fracaso en Portugal a una
actuación loable en su Mundial. El cambio se había iniciado unos años antes,
con el ridículo en la Euro de Bélgica y Holanda. En ese momento, la Federación
Alemana de Fútbol planifico una reestructuración de su concepto de formación y
crecimiento basado en los modelos de
cantera de las escuelas holandesas, francesas y españolas, obligó a los clubes
de fútbol a poseer centros de rendimiento plagados de profesores y entrenadores
que contribuyeran a mejorar el fútbol alemán convirtiendo en elementos de valor
la técnica y la táctica. Los clubes que no impulsaran estas medidas serían
sancionados con la imposibilidad de jugar tanto en Primera como en Segunda
División. Esta nueva perpectiva, sumada a la gran inversión económica en
infraestructuras y estadios, contribuyó al resurgir económico de una Alemania que
atravesaba una situación de colapso de su industria y, por ende, de su economía. Se calcula que, desde el período de
2000 a 2006 el fútbol alemán contribuyó con más de 3.000 millones de euros de
inversión a reforzar la economía nacional.
El momento de comprobar la eficacia del nuevo modelo sería
el verano de 2006. Jürgen Klinsmann fue el encargado de liderar el proyecto y
llevar a cabo la ruptura con el modelo anterior. Klinsmann debía ser capaz de
trasladar al terreno de juego lo que el ciudadano alemán ya había aplicado en su
día a día: el respeto y la valoración de la diversidad, en definitiva, un
proceso de apertura enriquecedor. El seleccionador abrió el fútbol alemán a las
nuevas fuentes que pujaban por mostrarse. Dar cabida a la imaginación, a la
improvisación, a la espontaneidad y dejar apartado un modo de vida centrado en
el rigor y la supremacía. Los alemanes querían mostrarle al mundo que seguían
siendo los mismos pero que ya eran otros. Tenían el deseo de mostrar que
continuaban siendo fiables y eficaces pero a través de una nueva concepción de
la modernidad que representaban sus jóvenes. Alemania quería mostrar que se
había enriquecido y que consideraba como miembros de pleno derecho a sus
jóvenes y a la los inmigrados y sus
descendientes. La selección se pobló entonces de futbolistas de menos de 25 años
y, por primera vez, dando cabida a la interculturalidad con jugadores como
Asamoah, Podolski y Odonkor. La selección alcanzó el tercer puesto con un
fútbol vistoso, dinámico y atractivo. Alemania se echaba a las calles tras cada
partido y su entrenador era visto como el propulsor del cambio. Su renuncia al
cargo tras el campeonato supuso un mazazo para los aficionados pero la semilla
ya estaba sembrada.
Alemania es hoy junto a España, la mejor selección del
mundo. Su valentía a la hora de apostar por jóvenes talentos y su fútbol
económicamente saneado le ha convertido en un destino atractivo para los
futbolistas de mayor nivel. Alemania ha pasado a ser un país importador de
futbolistas de primer nivel. Acuciados como estamos en España por una crisis
que parece no tener fin, una buena manera de poder salir de ella es exportar
aquello que nosotros hacemos bien: jugar al fútbol El camino lo abrió Raúl hace
unos años, lo han continuado Escudero, Carvajal o Domínguez. La llegada de
Guardiola a Munich supone una puesta en valor de nuestro producto nacional.
Aprovechemos la oportunidad para exportar y utilizar el fútbol como un recurso
de dinamización de la economía como ya hicieran en Alemania hace una década.
Sigamos exportando nuestro fútbol a Inglaterra, Alemania, Grecia, Rusia, Israel…
Internacionalicemos nuestro fútbol, nuestra economía lo agradecerá.
FUENTES CONSULTADAS
AXEL TORRES “11 viajes
de un periodista deportivo” Editorial Contra. 2013
TIM HARDFORD “El economista camuflado” Temas de Hoy. 2007.
“El fútbol alemán ya no es un Pánzer” El País (26/04/2013)
domingo, 21 de abril de 2013
Manute Bol un Dinka en la NBA
Los seres humanos han creado a lo largo de la historia y del
desarrollo de sus culturas múltiples formas para categorizarse y así
diferenciarse unos de otros al mismo tiempo que realizan un ejercicio de
atribuciones y cualidades a cada una de sus categorías. La primera la realizan
en función del sexo (hombre y mujer), otra puede hacerse en base al color de la
piel (blanco y negro) y otras pueden realizarse en base a la estatura (alto y
bajo). Las poblaciones humanas también se diferencian unas de otras utilizando
como delimitador de las fronteras de pertenencia elementos naturales como las
cordilleras, un río, el mar. Esta separación de las poblaciones propicia el
surgimiento de la diversidad de culturas que pueblan el planeta Tierra. Es el
caso de un país como Sudán, en donde dentro de un mismo territorio encontramos
poblaciones de etnia árabe y religión musulmana que conviven con poblaciones
tribales como los dinka, los murle, los nuer o los shilluk.
Sudán es un ejemplo de cómo la existencia de una frontera
vegetal dentro del propio territorio puede desencadenar conflictos
irreconciliables. En Sudán hay dos poblaciones muy diferenciadas. Los negros
africanos que habitan la parte sur del país, una región en la que conviven
muchas poblaciones tribales dedicadas a la ganadería gracias a las praderas y
los bosques lluviosos propios de su clima tropical. Esta región es la que
antiguamente era conocida como Nubia, una población formada por notables
guerreros y con una alta capacidad de resistencia ante un conflicto latente que
se alargó en la zona durante todo un milenio ante el deseo de dominio de las
poblaciones árabes que se instalaron en la región norte de Sudán en el siglo
VII. Los nubios consiguieron resistir hasta que el gobernador otomano de El
Cairo decidió invadir estos territorios para utilizar esta región como una
fuente de marfil y de población esclava, llegando a esclavizar a más de 30.000
personas en el año 1820 de un pueblo bautizado como los sudán (los negros).
Este dominio se prolongó hasta mediados del siglo XIX.
Tras la marcha de los dominadores otomanos la región
sudanesa vivió una década de independencia hasta que en 1899 el Imperio
Británico tomó el mando de las dos regiones de Sudán. El motivo por el que los
británicos decidieron tomar el mando de Sudán está el río más largo del mundo:
el río Nilo. El Nilo es un recurso que define y orienta el comercio de la zona
y, a principios del siglo XX, el control de toda esta región era una prioridad
para la Corona Inglesa que necesitaba el control total del Canal de Suez para
poder ejercer sin sobresaltos el control de la ruta con la India.
Las dos regiones sudanesas fueron administradas como
regiones diferentes aunque sujetas a una misma autoridad colonial: en el norte
quedó establecida una población árabe de mayoría musulmana y, en el sur, la
población negra de religión cristiana o animista. Debido al gran tamaño del
continente africano y de Sudán en particular, los británicos impusieron la
misma política colonial en todo el continente. Como les resultaba muy
complicado y costoso llenar el territorio de cuarteles desde los que ejercer el
poder y hacer notoria su autoridad los británicos optaron por situarse en las
ciudades más importantes de cada país, en este caso en Jartum, y delegar el
ejercicio de control de las poblaciones en los diferentes jefes tribales
quienes, a cambio de ostentar una
posición incuestionable de poder y domino en un territorio y sobre un grupo
poblacional, sólo tenían que ejercer la función de recaudadores de impuestos
para la autoridad colonial. De este modo, los gobernadores británicos
fomentaron la disgregación de las dos regiones mediante un trato diferenciado:
en el norte fomentaron el árabe y el islam e invirtieron en recursos y trabajo,
mientras que en el sur, al que abandonaron a su suerte al no invertir en ningún
área de desarrollo, favorecieron el inglés y el cristianismo y la perpetuación
de un estilo de vida tradicional sujeto sólo a la autoridad militar de las
colonias. Con la retirada de la autoridad británica en 1950 el conflicto civil
entre ambas regiones parecía inevitable.
A lo largo de la década de 1960 más de medio millón de
personas fallecieron en el conflicto que enfrentó al gobierno del norte con el
ejército rebelde del sur. Este conflicto se prolongó hasta 1972 cuando se firmó
un acuerdo de paz que no fue más que un período de espera que ambos grupos
utilizaron para rearmarse de cara a un nuevo conflicto que se cernía sobre el
horizonte. Durante este período de paz el gobierno del norte logró una
importante alianza con Egipto para realizar una de las obras más importantes
del continente africano. Esta obra tenía como objetivo el río Nilo, se
pretendía alterar su curso hacia el norte, una región sumamente árida y seca,
que sirviera de abastecimiento de agua tanto a la región norte de Sudán como al
propio Egipto. Esta obra provocaría que uno de los humedales más importantes de
África desapareciera, la llamada región Sudd, situada en el sur de Sudán y que
tras la época de lluvias y las inundaciones anuales del Nilo se convierten en
una zona de amplios pastos en donde las poblaciones ganaderas del sur llevan a
pacer su ganado, es decir, su riqueza especialmente para una de sus tribus: los
dinka.
Los dinka representan el setenta por ciento de la población
en esta zona del mundo . Ellos mismos se consideran a sí mismos una de las
tribus más antiguas ya que afirman que han pasado más de mil años desde que se
asentaran a ambas orillas del Nilo. Su medio de vida es la ganadería y la
riqueza se mide por el número de vacas que cada familia posee, pero también
desarrollaron la agricultura y la pesca lo que ha hecho de ellos un pueblo
autosuficiente. Pero si hay algo que caracteriza a los dinka es su altura, es
raro encontrar personas que midan más de dos metros, excepto entre los dinka
que pasa por ser una de las tribus más altas de África. De esta tribu,
concretamente de la aldea de Turalei, surgió el jugador más alto de la historia
de la mejor liga de baloncesto del mundo: la NBA, quien ostentaría el honor de
ser el primer jugador africano en disputar la competición americana. Su nombre:
Manute Bol, un gigante de 231 cm de altura y apenas 80kg de peso.
La aventura de Manute Bol en Estados Unidos comienza el mismo
año en el que el conflicto estalla de nuevo es su Sudán natal de manos del
recién creado Ejército de Liberación del Pueblo de Sudán (ELPS) cuyo primer
objetivo fue frenar las obras del canal de Jonglei. Manute causó un gran
impacto desde su aterrizaje en suelo americano con motivo de su incorporación a
la Universidad de Bridgeport, donde pronto se convierte en el líder del equipo
y el motivo por el que los aficionados acudían en masa a ver sus partidos. En
esta etapa promedía 22 puntos por partido, 13 rebotes y 7 tapones. Estas cifras
y el ser un reclamo para los medios le vale ser elegido en el draft de 1985 por
los Washington Bullets.
En ese momento Manute se convierte en el primer jugador
africano en la NBA y en el jugador más alto que jamás había participado en la
liga. Manute es un gigante en un mundo de gigantes, su llegada coincide con el
desembarco de numerosos jugadores altos en la competición, más de 30 jugadores
medían más de 213 cm ese año, como muestra de una la nueva tendencia que se
apoderaba del baloncesto y contagiados del efecto Tkachenko y un nuevo prototipo
de jugador caracterizado por su
musculatura y menos por sus cualidades técnicas. Con la llegada del
sudanés se inicio un debate acerca de si era necesario subir la altura del aro
porque no era concebible que un jugador machacase el aro solo con ponerse de
puntillas e incluso se consideró la idea de reducir a cuatro los jugadores en
pista por equipo.
Los medios se perseguían continuamente a Manute como si
fuese un hombre de otro planeta, como alguien irreal. Más aún cuando se
hicieron eco del rumor de que había matado un león aunque, haciendo gala de su
sentido del humor, el gigante afirmaba que lo hizo mientras el animal dormía,
porque, encaso de estar despierto habría sido el león el que lo habría matado a
él. Manute no entendía todo el revuelo que se generaba a su alrededor con
respecto a su altura ya que para él era algo normal, sus padres y su hermana
también medían más de dos metros e incluso afirmaba que su bisabuelo era más
alto que él. Observarle era como un viaje a lo desconocido, a un mundo enigmático
repleto de encantos. El listado de anécdotas que le rodeaban eran inagotables,
una de las más nombradas era que le faltaban cuatro dientes porque entre los
dinka es habitual practicar diferentes ritos de paso como arrancar cuatro
dientes a una edad temprana para delimitar el momento en que se deja de ser
niño, otros dos le faltaban porque la primera vez que jugó al baloncesto se
golpeó la boca con el aro, o escarificar la piel para significar que ya se ha
alcanzado la edad adulta.
En su primera temporada Manute Bol estableció un record que
hasta ahora nadie ha superado al realizar 397 tapones como rookie. Pero su
endeble físico era un hándicap que condicionó su carrera, pese a los esfuerzos
de coger peso Manute era incapaz de engordar convirtiéndole en un jugador muy
vulnerable ante jugadores más bajos pero más poderosos físicamente. Aún así,
consiguió incorporar nuevos elementos a su juego como cuando militando en
Golden State Warriors destapó su habilidad para el lanzamiento de tres puntos
gracias a la insistencia de su entrenador Don Nelson. Diez años duró su
aventura americana mientras, impotente, contemplaba como su país se desangraba,
sus familiares perecían y sus vecinos se veían obligados a exiliarse a Etiopía
por un conflicto que parecía no tener fin y al que occidente daba la espalda.
La impotencia del baloncestista era manifiesta en cada de
sus comparecencias ante la prensa, las cuales utilizaba como un altavoz para da
visibilidad a un guerra que le consumía por dentro. Desde su retirada, el sudanés empleó toda su
fortuna, acumulada por sus contratos como jugador y al hecho de ser imagen de
marcas como Nike, Toyota o Kodak, en financiar al Ejército de Liberación. Se
calculo que llegó a aportar más de tres millones de dólares a la causa. Manute
se convirtió en todo un símbolo para la resistencia en Sudán del Sur y un
interlocutor muy valioso en las negociaciones de paz que se iniciaron a
mediados de los noventa. Sin embargo, esta historia de amor de su pueblo tuvo
un momento de crisis cuando Manute regresó a Jartum invitado por el líder nuer
Niak Madur, lo cual fue interpretado como una traición.
Los siguientes años de Manute, toda vez dilapidada su
riqueza, transcurren con el simple propósito de ejercer su papel como jefe
dinka, asumiendo sus responsabilidades propias como organizar bodas,
velatorios, mediar entre disputas y ofrecer consejo a los más jóvenes. Sus
viajes a Estados Unidos apenas se producen desde su retirada, sólo acude
esporádicamente a visitar a sus hijos y a solicitar una pensión como exjugador
profesional a la NBA. Durante su estancia al retorno de su país natal sufrió un
grave accidente de tráfico en el que se fracturó el cuello y ambos brazos.
Manute nunca se recuperaría de este accidente, poco a poco, fue languideciendo
hasta su muerte seis años después.
Los dinka lloraron amargamente la muerte de hombre más
representatitivo. Manute falleció sin poder ver efectiva la independencia de su
amado Sudán del sur, el cual tras los acuerdos de paz de 2005 aprobó en referéndum
en 2011 constituirse como país independiente y establecer como capital la
ciudad de Juba. Los dinka han liderado todo el proceso de autonomía haciendo
gala de la que consideran es su misión: proteger al resto. “Los dinka somos
generosos, podemos dar todo lo que tenemos, pero nunca serás un dinka. Ésa es la
regla”
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