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Películas para un Viaje en Autobús



Ayer cuando volvía de Madrid en autobús lloré. Apenas llevaba veinte minutos de viaje y noté cómo las lágrimas me corrían por las mejillas. Sin razón aparente. Primero creí que sería cosa de la alergia. Pero eran lágrimas distintas, más saladas y densas. Las de la alergia suelen ser ligeras y huidizas. Segunda hipótesis: debe ser el sol del atardecer. Imposible estando en los túneles de la M30.

La razón la tenía delante de las narices. La película que había elegido para dejarme mecer por Morfeo en el viaje. De entre todas las posibles: acción, comedia, aventuras e infantil me decanté por una comedia romántica. De las que te gustan seguro. Ya sabes, una pareja protagonista que vive en Nueva York en un pisazo, con unos trabajos que les permiten darse una vida padre, tener el frutero lleno y estrenar albornoz cada semana. Felicidad en estado puro.

Y así, sin motivo alguno, venga que comienzo con mi llorera de baja intensidad. Aún no le habían diagnosticado ninguna enfermedad a los protagonistas ni se avecinaba ningún suceso que pudiese zarandear sus vidas. No había razón para llorar y menos a plena luz del día. Imagínate, y mucho menos en un autobús. Suerte que no iba lleno y no tenía a nadie sentado a mi lado que si no me muero de vergüenza. Yo que no he llorado jamás viendo una película. No lo hice de niño con E.T., ni lo hecho ya de adulto con Mar Adentro ni con Mi vida sin mí. Va y me pasa hoy viendo una pastelada.

¿Quién llora en el minuto diez de una película? No ha habido tiempo para encariñarse de ninguno de los personajes. Sólo lloran tan pronto los dementes. Y las lágrimas sin parar de caer. Puto Hollywood.  Detesto su empeño en ponerte delante de las narices sólo los momentos felices de las vidas de otros -tendría que haber puesto una película europea-. Sí, sí, no voy a olvidar que también tienen sus partes dramáticas y sus contratiempos, que luego me acusas de cínico. Pero no es lo mismo. Es que ves la película y ya sabes que, pase lo que pase, la cosa terminará bien. Que en una hora todo quedará resuelto con un derroche de felicidad que crees que va a durar siempre.

A mitad de película, ya en el túnel de Guadarrama, seguía llora que te llora y encima rabioso. Ahí estaban los protagonistas atormentándose porque iban a pasar unos días alejados el uno de otro. Quejándose sin tener que levantarse a las cinco de la mañana. Maldiciendo su mala suerte cuando tienen neveras permafrost rebosantes y no tienen que improvisar un menú low cost sin cocinado cada día en el Mercadona. Sabiendo que, para ellos, todo lo que tienen que hacer para evitar un sobresalto en sus vidas es estar en la calle un día de lluvia. Todo lo malo en las películas en Nueva York pasa únicamente los días de tormenta. En España da lo mismo que tengas garantizados trescientos días de sol al año, las hostias te caen casi todos los días. Menos mal que la película terminó al llegar a Peñaranda y tuve media hora para recobrar la compostura. Hice hasta muecas para que, cuando bajara, se me hubiese borrado la cara de entierro.

No te entretengo más. Nos vemos pronto ahora que ya estoy de vuelta en Salamanca. De entrada, me pasaré una temporada en casa de mis padres. Regresar rondando los cuarenta y más cuando ya no queda rastro ni de mi habitación es todo un panorama. Cuando me fui todos pensamos que era para siempre. Pero bueno, ahora que ya se van haciendo mayores les puedo echar una mano en lo que voy buscando algo. Espero que no sea por mucho tiempo. En estos días quedamos, dime que día te viene bien para que te cuente todo con detalle - a poder ser sin que haya niños delante - y, si te quedan ganas, después, vamos al cine.
Películas para un Viaje en Autobús Reviewed by Ignacio Bellido on 20:19 Rating: 5

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